El gobierno destina 4000 millones de euros para mejorar la imagen pública de los funcionarios


La supresión de nuestra paga extraordinaria conlleva una sutil mejora en la imagen que los ciudadanos tienen de los funcionarios. Lo llevo notando desde que anunciaran esta peculiar, polémica y cuestionable forma de ahorro pero lo cierto es que en la atención al público hay ahora más palabras de aliento. En el día a día, cuando sacamos el trabuco y entregamos al vecino el sablazo del Impuesto de Bienes Inmuebles percibo que las quejas se bufan más bajito y que la coletilla suele ser siempre la misma: "joder, con la que estamos pasando y menuda subidita lleva el impuesto". Mirada al funcionario. Mi respuesta: "¿me lo dice o me lo cuenta?". Y entonces llega el comentario solidario, "es verdad, a vosotros que os han quitado la extra sí que os han hecho una putada". Lo curioso es que muchos de estos que ahora se alían a nuestro lado los he atendido otros años y me han puesto verde botella.
Por lo tanto, lejos de creer que estos 4000 millones de euros servirán para mejorar el país, la única "ventaja" razonable que veo es la del lavado de imagen. Nosotros, que somos más de dos millones y medio de sanguijuelas, aportamos un peculiar granito de arena a la economía, a los bancos y a la madre que los parió. Ahora parece que ser funcionario no es un chollo tan idílico como antes (tampoco lo era cuando algunos analfabetos cobraban con la burbuja inmobiliaria 6000 euros al mes poniendo yeso y se desternillaban con los míseros sueldos de la administración pública).